Perfil · Músico
Carles Benavent: el bajo que hablaba flamenco
Bajista catalán que creó un lenguaje propio para el bajo eléctrico en el flamenco, desde las giras con Camarón hasta su carrera en solitario
Por Iván Jiménez Moreno · Jueves 11 de junio 2026 · flamenco · Jazz · funk
Guarda tus favoritos
Para guardar esto necesitas una cuenta (es gratis). Volverás aquí y quedará guardado.
Carles Benavent no inventó el bajo eléctrico, pero sí una forma de hacerlo sonar a bulerías que antes no existía. En un género donde la guitarra y el cante llevan el peso rítmico, él metió la mano en el compás y lo reescribió desde las cuerdas graves. Su sonido —redondo, percusivo, con un fraseo que imita el rasgueo flamenco— es hoy un estándar para cualquier bajista que quiera acercarse al flamenco-jazz. Y a sus más de setenta años, sigue girando con un trío que demuestra que su lenguaje no fue una moda de los ochenta, sino una gramática musical sólida.
Nacido en Barcelona, Benavent empezó en el rock y el funk, pero su encuentro con Paco de Lucía a finales de los setenta cambió el rumbo. Participó en varios discos clave del guitarrista algecireño y colaboró con Camarón de la Isla en grabaciones que revolucionaron el flamenco, como La leyenda del tiempo. También trabajó con Tomatito en su etapa de fusión. A principios de los ochenta publicó sus primeros discos en solitario, donde ya aparecía ese diálogo entre bajo eléctrico, guitarra flamenca y percusión. Jazz Negro (mediados de los ochenta) y Carles Benavent (finales de esa década) son hitos tempranos que fijaron su firma: líneas quebradas, notas fantasma y un sentido del espacio poco común en el bajo de la época.
Lo que hace distinto a Benavent no es la técnica por sí misma —usa pulgar como púa, slaps y ghost notes—, sino cómo la aplica al compás flamenco. Los acentos caen donde deben en una soleá o una bulería, y a menudo deja vacíos que la guitarra flamenca rellena. No compite con ella, la envuelve. En sus discos, el bajo no es un acompañante; es una voz melódica que puede llevar el tema o responder a la percusión. En el trío actual (bajo, guitarra flamenca y batería), la ausencia de un teclado u otro instrumento armónico obliga al bajo a asumir también la función de solista. A mi juicio, su enfoque en los últimos años se ha vuelto más contenido —menos pirotecnia, más diálogo—, lo que en directo se traduce en una escucha más atenta y a veces en una pérdida de la energía que caracterizaba sus trabajos de los noventa.
En vivo, su capacidad para cambiar de compás sobre la marcha y mantener la tensión durante pasajes largos es algo que los estudios no capturan del todo. El formato trío permite que el bajo tome el centro del escenario sin artificios; Benavent alterna líneas de pulgar con slaps precisos, y la guitarra flamenca responde con falsetas que él sostiene rítmicamente. La percusión, a menudo con cajón flamenco, completa un sonido seco y directo. Si algo se pierde en disco es justo esa sensación de riesgo: en directo, el bajo puede desviarse durante un minuto entero antes de resolver en la melodía principal, y el público lo sigue sin pestañear.
Para quien quiera descubrir su lenguaje, tres discos sirven de puerta de entrada. Aigua (1999) es un trabajo en trío donde su bajo suena orgánico y melódico, con piezas que flotan entre la bulería y el jazz modal. Flamenco Jazz (1995), grabado con Tomatito, exhibe la fusión en estado puro, con temas que han quedado como referencia del género. El vaixell (2004) es más introspectivo, con texturas de contrabajo y una electrónica mínima que a mí me parece menos incisiva, pero que muestra su faceta menos conocida. Cualquier corte de Aigua vale como primera escucha; en particular, la suite que abre el disco condensa todo lo que Benavent entiende por diálogo rítmico con la guitarra. A partir de ahí, quien quiera profundizar encontrará un catálogo coherente, sin picos ni valles, que ha ido refinando el mismo hallazgo durante cuatro décadas.